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Daniel Negreanu

Viernes, 15 de mayo de 2009

negreanuCon su eterna sonrisa en las buenas y malas situaciones, es uno de los jugadores más carismáticos del mundo profesional del póquer; esto hace que nadie pueda estar mucho tiempo enfadado con él a pesar de generar constantes controversias por decir sin tapujos todo lo que piensa. Constantin Negreanu tenía sólo 10 años cuando un soldado nazi borracho lo subió al banco de una plaza rumana y le puso una pistola en la boca. El pequeño aprovecho la ebriedad de su atacante para arrebatarle la botella que llevaba, romperla contra el respaldo del banco, y clavársela luego en el cuello mientras el rostro del soldado pasaba de la risa al asombro.

A los 13 años y tras la Segunda Guerra Mundial abrió un pequeño taller de reparaciones de radios, y a los 16 utilizó la dura experiencia de su infancia para ganarse la vida como boxeador. Años después conoció a Annie en una de las tantas reyertas que lo tenían como partícipe principal en los bares de la ciudad. La relación con la joven muchacha lo atemperó, y en 1967 -ya como el matrimonio Negreanu- decidieron buscar mejor suerte en Toronto, Canadá.

Allí Constantin trabajó como electricista y Annie de niñera, y buscaban agrandar la familia. Esto no fue sencillo porque Annie sufrió varios abortos espontáneos, pero finalmente pudo traer al mundo a dos vástagos; el más pequeño de los cuales llegó bajo el signo de Leo un 26 de julio de 1974, y recibió el nombre de Daniel.

Su infancia fue la normal de cualquier niño de clase media de los suburbios de Toronto, con amigos, juegos, y deportes, especialmente el hockey sobre hielo.

Con la llegada de la adolescencia descubrió el gusto por otros juegos como el pool, el blackjack, y toda clase de apuestas; hasta que sus amigos lo introdujeron al póquer a los 15 años.

“Perdí mis $10 esa primera noche,” recuerda Daniel, “pero a partir de allí comencé a jugar póquer con frecuencia.”

El gusto por el póquer creció con Daniel, que a los 18 jugaba 40 horas a la semana y ya había dejado de ser un jugador impetuoso que presionaba constantemente, para pasar a darle estilo a su juego y añadirle su capacidad innata para leer a los demás, algo que fue puliendo con el correr del tiempo.

“A esa edad ya ganaba más de lo que perdía. Era muy observador y aprendía de los que jugaban mejor que yo simplemente viendo cómo jugaban aquellas manos que eran difíciles para mí.”

Durante esos años también conoció a una chica con la que comenzó a salir, principalmente porque ambos compartían la pasión por el póquer: Evelyn Ng. A los 21 (1995) decidió que quería dedicarse de lleno al póquer y abandonó sus estudios cuando le faltaba muy poco para terminarlos, a pesar de la negativa de sus padres. Se mudó a Las Vegas, donde comenzó a ser conocido como Kid Poker por ser siempre el más jóven -de edad y apariencia- en las mesas.

“Tendré que buscarme otro pronto, ¡cuando tenga 50 años ya no me irá!”

Luego de un comienzo dubatitativo, Daniel tuvo sus primeros éxitos grandes en 1997. Logró tres primeros puestos en eventos del World Poker Finals del Foxwoods y en Los Ángeles, además de varias otras cajas, que serían un precedente del salto que daría al año siguiente.

1998 representó para el conseguir su primer brazalete de las World Series of Poker al ganar un Pot Limit Hold’em de $2.000 que le significó un primer premio de $169.460. Con sus 24 años se convirtió también en el más jóven jugador de ese entonces en lograr un brazalete.

A partir de ese logro sus torneos se cuentan por mesas finales, logrando 11 de ellas antes de tener un “mal” resultado con un 12º puesto en un Omaha 8 o Mejor (su juego favorito) de $2.500 en las WSOP 1999. Ese año fue cuando despegó verdaderamente su carrera profesional de póquer, sin tener ya que preocuparse por tener suficiente para vivir y jugar en los casinos.

Sin embargo, las grandes cantidades de dinero comenzaron a afectar su vida y su juego. Podía gastarse $2.000 en un juego de golf que terminaba con una comida de cinco estrellas y vinos de $300 la botella.

“Podía malgastar fácilmente $30.000 en una noche en una mesa de $400/$800 del Bellagio. No me lo tomaba en serio.”

Estos tropezones le sirvieron a Daniel para enderezar su vida, fijarse objetivos, y asentarse como jugador profesional, algo que aún hoy le sigue reportando éxitos. Tan seriamente se lo tomó que abandonó definitivamente el alcohol, y su alimentación hoy es vegetariana.

“¿Cómo puedes hacerte una carrera si te emborrachas en el trabajo? Tuvo que aparecer el hambre para que resurja mi determinación. Afortunadamente recapacité y pude dejar eso atrás.”

Los años siguientes Daniel logró innumerables mesas finales -y un brazalete más en las WSOP 2003- y cajas que lo mantenían en la escena grande del póquer profesional, y así llegó 2004, año en que se convirtió en una celebridad mundial.

Sus cinco mesas finales en las WSOP, un brazalete en un Limit Hold’em de $2.000, su segundo puesto en el Party Poker Million III Limit Hold’em, y sus victorias en el Plaza, en el WPT Borgata Open, y en el WPT World Championship lo hicieron merecedor de los títulos 2004 ESPN Player of the Year, 2004 Card Player Magazine Player of the Year, y 2004 World Poker Tour Player of the Year.

“Es uno de los grandes jugadores de todos los tiempos. Quizá el más grande,” dijo de él Doyle Brunson a la revista New York Times. “Lo único que puede hacerlo caer es olvidar quién es.”

Además de reconocimiento y mucho dinero, el éxito le trajo un trabajo: Embajador de Póquer del Casino Wynn. Sin embargo, no duró mucho allí puesto que le exigía jugar exclusivamente en ese casino, y se perdía el Big Game del Bellagio.

El 2005 no trajo muchos éxitos en el póquer a Daniel, pero es que el hombre tenía cosas mucho más importantes en mente: el 19 de agosto de ese año contrajo matrimonio con Lori Lin Weber, y desde entonces vive con ella y Mushu -el perro chihuahua de ambos- en Las Vegas.

“Cuando conocí a Lori mi juego se asentó aún más. Como dice Jack Nicholson en As Good As It Gets: ‘Ella me hace querer ser un mejor hombre’.”

Además de sentar cabeza definitivamente, el matrimonio alejó a Daniel de los torneos, y ahora prefiere el juego de $2.000/$4.000 en el Bellagio.

“En el Big Game puedes ganar o perder un millón en una noche. En cambio en los torneos de $10.000 te toma cuatro o cinco días ganar un primer premio de $1 millón; y eso si lo ganas. Por eso prefiero las grandes apuestas.”

Aunque no concurre a tantos torneos (donde acumula más de $9 millones en ganancias), Daniel no se alejó del póquer. Es uno de los más prolíficos autores de artículos, además de mantener un vídeo blog en la sala que representa, Full Contact Poker, escribir constantemente en los foros; y sumar su primer libro, Hold’em Wisdom for all Players.

Recientemente también lanzó su DVD Aprende a ganar en el Hold’em Póquer, y está testeando un juego para móviles que lo tiene como imagen principal.

Actividad frenética para un jugador que siempre está buscando formas nuevas para promover el póquer; y que es el gran referente de una camada de jugadores que lo toman como un deporte de exigencia, y creen en el trabajo duro.

“Un buen jugador de póquer en primer lugar tiene disciplina, luego viene el talento, y por último los conocimientos del juego.”

Para Daniel Negreanu lo más importante del póquer es su faceta psicológica, cuyo dominio le permite destacarse de forma clara sobre el resto de los jugadores profesionales.

“En los niveles más altos todos tienen una comprensión decente de las matemáticas del póquer. Pero todo se trata de una guerra psicológica. Sinceramente, no creo que un jugador puramente matemático tenga muchas chances en el póquer, porque no están psicológicamente preparados para el juego.”

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Stu Ungar

Viernes, 15 de mayo de 2009

stu-ungarPara casi todos los entendidos, el mayor talento que ha dado el mundo del naipe en los tiempos modernos. Este norteamericano es uno de los dos únicos mortales que han logrado ganar el evento principal de las Series Mundiales de Poker (WSOP) en tres ocasiones: 1980, 1981 y 1997. En su momento fue amado por unos y odiado por muchos más, lo que no se puede negar es que es y, más que probablemente, será el jugador de poker más famoso de la historia.

Stuart Erroll Ungar (su madre le puso Erroll en honor del actor australiano, pues estaba enamorada perdidamente de él) nació el 8 de septiembre de 1953 en Nueva York. Se crió en Manhattan, en el East Side. Su padre, Ido, regentaba un club social en el que además de copas se servían cartas, con lo que el pequeño Stu tomó biberones rodeado de picas, corazones, tréboles y diamantes. El patriarca quiso mantener alejado a su retoño de esta afición, pues veía el modo en que su clientela se dejaba los cuartos, los medios y hasta los enteros. Pero sus intentos fueron baldíos. El bueno de Stuart demostró una habilidad innata para el gin rummy, y a base de ganar todos los torneos en los que participaba se hizo un nombre. A los 10 años ganó el primero. Era el pistoletazo de salida de una carrera de éxitos.

Cuando tenía 15 primaveras Ido murió en brazos de su amante, y Stu, con su madre incapacitada por una grave enfermedad, encontró en Víctor Romano, enrolado en la familia de los Genovese, a su auténtico padrino. El mafioso, que tenía una memoria prodigiosa (se dice que podía repetir la definición exacta de cualquier palabra del diccionario) utilizaba este don divino para calcular probabilidades en el mundo del juego, y con su magisterio fue transmitiendo todas sus habilidades al joven Ungar, que se volvió invencible.

La protección que le brindaban sus amistades peligrosas le valió para salir bien librado de su instinto asesino y sus malos modos en las mesas. En cierta ocasión un jugador al que había ganado le intento agredir con una silla en la cabeza: días después fue hallado muerto de un disparo. Carta blanca para Ungar, a cambio del dinero que ganaba en el gin y el poker. Con sus triunfos mantenía a su hermana y a su madre; pero lo que ganaba al gin lo perdía en los dados o cualquier cosa sobre la que se pudiera apostar. Primero se mudo a Florida; pero después acabó en Las Vegas, donde se casó con su novia de siempre y tuvo una niña.

El principal motivo que lo llevó al poker y a cambiar de aires fue que su reputación en el gin rummy hizo que ya no tuviera rivales. Nadie quería jugar con él. Ungar, con su aspecto aniñado, destrozaba a sus compañeros de mesa. Una famosa noche literalmente despedazó al considerado número uno del momento (con su permiso) Harry Yonkie Stein. “Desde ese día nunca volvió a ser el mismo (Stein)”, aseguró uno de los que presenciaron la masacre. Tras esto, era un hombre marcado. Ungar llegaba a ofrecer determinadas ventajas a sus oponentes; pero ni así conseguían acabar con él.

Una vez un famoso tramposo lo retó a jugar contra él. Ungar sabía que era un timador; pero aceptó jugar por dinero. Durante la partida, el guardaespaldas de Stu (lo llevaba por obra y gracia de sus amigos hampones para evitar que lo asaltaran) se dio cuenta de que su rival jugaba sucio. El gorila se puso hecho un basilisco y apartó a su protegido para partir por la mitad al chorizo; pero Stu le dijo que lo dejara. “Ya sé que no es legal; pero le ganaré”. Y lo hizo.

Ya en Las Vegas, el gin rummy seguía siendo popular en forma de torneos. Ungar ganó o acabó entre los primeros en muchos de ellos, de tal modo que los propietarios de los casinos le pidieron que no acudiera, ya que la mayoría de los clientes rechazaban participar si lo veían. Tal es el temor que inspiraba. Los dueños veían que este alfeñique amenazaba sus negocios. Ungar afirma en su biografía que adoraba ver como sus oponentes se iban paulatinamente desmoronando, y le complacía especialmente contemplar su cara de desesperación. Un rasgo de su personalidad que nos indica su carácter despiadado, incluso sádico, en el juego y, quizá, en la vida. “Era jodidamente bello”, decía.

Para concluir con su etapa de gin rummy nada mejor que esta frase de su cosecha: “Algún día, supongo que puede haber algún jugador mejor de texas hold´em no limit que yo. Lo dudo; pero puede suceder. Lo que puedo jurar es que no puedo ver a nadie nunca jugando al gin rummy mejor que yo”.

En 1980 acudió a las Series Mundiales de Poker buscando apuestas y emociones más fuertes. Ganó el evento principal, dejando en la cuneta en el mano a mano final a nada menos que a Doyle Brunson, y convirtiéndose en el campeón más joven de la historia (hasta que Phil Hellmuth lo desbancó de este honor en 1989). Por su imagen de chavalín le pusieron el apodo de The Kid (el chico). Revalidó el título en 1981, y a partir de aquí vino una caída imparable, un deterioro progresivo que acabó en una habitación del Motel Oasis. Pero eso lo contaremos más adelante.

Estaba en la cumbre de su carrera. Tenía una memoria prodigiosa y un cociente intelectual de genio. Podía seguir la pista a cada carta en un mazo con seis barajas jugando al blackjack. En 1977 apostó con Bob Stupak, propietario de varios casinos, la cantidad de 100.000 dólares a que no era capaz de contar las tres últimas barajas de un total de seis. Ganó.

En 1982 la Comisión de Juego de New Jersey le multó con 500 dólares por hacer trampas en una mesa de blackjack. Argumentaban que añadió fichas a posteriori en una casilla ganadora… algo que él negaba con vehemencia. La penalización era una fruslería para él; pero si la pagaba admitía ser un tramposo; algo que detestaba. No lo necesitaba. Su memoria de paquidermo y su habilidad para contar cartas (algo legal) le permitían ganar sin utilizar malas artes.

Apeló en los tribunales y ganó el caso. La broma le costó más de 50.000 dólares y, según cuenta en su biografía, el proceso le dejó tan agotado que no pudo defender su título de campeón con éxito. Su reputación le empezó a cerrar las puertas en los casinos de Nevada. Cuando le veían llegar, las mesas de blackjack se cerraban. Este fue quizás el punto de inflexión en su vida. Se divorció de Madeleine en 1986. Tuvieron una hija, Stefanie. Adoptó un hijo del primer matrimonio de Madeleine, Richie, que tomó el apellido Ungar. Pero la tragedia golpeó en su puerta salvajemente y, tras su ceremonia de graduación en el instituto, Richie se suicidó. Sus padres enloquecieron, y Stu encontró en la cocaína una vía de escape. Durante las WSOP de 1990, que jugó bancado por su íntimo amigo Billy Baxter, fue hallado inconsciente el tercer día del evento principal en el suelo de la habitación de su hotel habitual. Una sobredosis de drogas era la culpable. Aún así, y con los crupieres poniéndole las ciegas en su ausencia, acabó noveno, llevándose 20.500 dólares.

Dilapidó lo ganado en el naipe en coca y apuestas deportivas e hípicas. Conoció lo que es ser millonario y arruinarse cuatro veces. El ciclo era sacar del poker y metérselo por la nariz o dejárselo en los caballos. La mayoría de sus amigos y gran parte de sus rivales afirmaban que no quería llegar a los 40 años. Uno de los primeros aseveró que lo único que lo mantenía con vida era su férrea determinación por ver crecer a su hija. Mike Sexton intento que ingresara en una clínica para desengancharse; pero Stu lo rechazaba sistemáticamente, asegurando que algunos de sus compañeros de viaje que habían estado en estos centros le decían que era más fácil conseguir en ellos droga que en la calle.

En 1997 estaba sin blanca. Una vez más Baxter le financió los 10.000 dólares de la inscripción del evento principal. The Kid tenía un aspecto lamentable, con el tabique nasal carcomido por la cocaína. Sin embargo, parece que el polvo blanco no le había afectado el cerebro. Guardó una foto de su hija en la cartera y la llamaba regularmente para comentarle cómo le iban las cosas. Ungar triunfó por tercera vez y mostró a las cámaras de la ESPN la foto de Stefanie mientras le dedicaba la victoria. Partió con Baxter el premio del millón de dólares. Los medios de comunicación de las Vegas hablaron del retorno de Stu: habían pasado 16 años desde que ganó las series mundiales por vez primera. La imagen que queda de él en el evento es la de un hombre prácticamente desfigurado con unas minúsculas gafas de sol tipo John Lennon.

En unos pocos meses el manirroto Ungar malgastó sus ganancias: coca y apuestas deportivas. Ante los ruegos de su hija, intento dejar la droga varias veces; pero a las pocas semanas acababa recayendo.

En 1998 su mecenas particular, Baxter, le volvió a ofrecer el dinero necesario para jugar las Series. Stu aceptó. Sin embargo, 10 minutos antes de que diera comienzo el evento principal dijo que no podía: estaba destrozado por las drogas. Los meses siguientes fueron su caída imparable a los infiernos: imploraba a sus amigos un préstamo para jugar… aunque se lo gastaba en crack.

El fin llegó en su habitación del Motel Oasis en noviembre: apareció muerto con 800 dólares: lo que le quedaba de los 25.000 que le dejó de nuevo Baxter una semana antes para jugar en las mesas de límites altos en el Bellagio. Había perdido, pero no tanto. Dónde fue a parar el resto…

La autopsia determino que había restos de droga en su organismo; pero no en la suficiente cantidad como para originar la muerte. La causa oficial fue un fallo cardiaco motivado con el consumo excesivo de sustancias estupefacientes a lo largo de su vida. A pesar de haber ganado millones, acabó sus días en la miseria. Su amigo y compañero de mesas Bob Stupak organizó una colecta para pagarle el entierro.

Stu sólo vivió 45 años; pero en ese corto espacio de tiempo se convirtió en leyenda. Único jugador que ha vencido en tres ocasiones en el evento principal de las Series Mundiales de Poker; pues Johnny Moss se llevó la primera, en 1970, por votación popular. En las Series ganó más de dos millones de dólares en premios y cinco brazaletes; en su carrera, más de 30… y murió arruinado.

Ungar también se hizo con la ahora desaparecida Amarillo Slim Super Bowl of Poker en 1983,1988 y 1989. Esta competición era considerada como el segundo título más prestigioso del mundo del poker. Acabó primero en un total de 10 torneos en los cuales la entrada era de 5.000 dólares o más.

Una de sus frases más celebres es: “No quiero que digan de mí que soy un buen perdedor. Enseñadme un buen perdedor y os mostraré a un perdedor”. Su competitividad era extrema, algo que en ocasiones pagaban los crupieres.

Muchos de sus compañeros de naipe y antiguos profesionales están de acuerdo en que podía haber “cosechado” mucho más si hubiera sabido exprimir a sus rivales. Su estilo despiadado y asesino dejaba tocados a los pobres incautos que se sentaban a su vera. No sabía regular la partida e ir poco a poco ganando. Quería hacerlo y humillar, con lo que sembraba de sal el campo que pisaba.

Mamando de las ubres de Romano (protector suyo y gangster de la familia Genovese) y sus secuaces hay multitud de anécdotas que riegan su vida. Se hallaba en cierta ocasión esperando un vuelo para ir a jugar a Europa con algunos profesionales más. Todos menos él llevaban pasaporte. Por no tener, ni tenía número de la Seguridad Social, y si lo tuvo fue para poder cobrar su primer titulo en las WSOP en 1980. Pues bien, tras ser advertido que lo necesitaba para abandonar el país, el agente le dijo que por una pequeña cantidad podía conseguir un formulario allí mismo con el que le darían el documento rápidamente. Acostumbrado a los tejemanejes de Romano en Nueva Cork, creyó que le pedían una “mordida”, y le largó un billete de 100 pavos al funcionario. El aduanero, indignado, a punto estuvo de llamar a la policía acusándole de intento de soborno. Sus amigos pudieron calmar las aguas y todo acabó solucionándose con normalidad.

Ungar tenía varios coches de lujo; pero no le gustaba conducir, y raramente lo hacía. Prefería los taxis. Los cogía desde y para ir a cualquier lugar, por muy cercano que estuviera. Sus propinas a taxistas y empleados de casino eran legendarias. Según Mike Sexton, “Stuey gastaba más dinero en taxis en un año que lo que ganaba mucha gente en ese periodo de tiempo”.

Se compró un nuevo modelo de Mercedes deportivo y lo condujo hasta que se quedó sin aceite y rompió el motor. Llevó el vehículo hasta la tienda donde lo había adquirido y el mecánico le dijo que el problema era que se había quedado sin lubricante. Ungar le replicó: “¿Por qué demonios no me avisaron que había que poner eso?”

Para él comer era una actividad que le apartaba del juego, por lo que sus comidas eran relámpagos. Invitaba a todo el mundo, dejaba generosas propinas y salía como una centella del restaurante para volver a las mesas… con tapete.

Cuando tenía dinero, era una de las personas más generosas que nadie pudiera conocer. Una vez estaba en racha y le pago a su compañero de fatigas en las apuestas deportivas, Michael Baseball Mike Salem, la hipoteca de varios meses. Salem no le pidió el dinero; pero Stu sabía que estaba perdiendo y por eso lo hizo. Le salía del alma ayudar a sus amigos.

Sexton y Ungar se conocieron durante una mala temporada del primero. Estaba al borde de la bancarrota. Stu se encontraba jugando seven card stud con límites altos y fue al servicio. Allí estaba Sexton. Le pidió que echara una mano por él. Entre profesionales se hacía la vista gorda y se consentían cosas de este tipo. Sexton enganchó una escalera de mano; pero la jugó de forma cautelosa: no era su dinero. Cuando Ungar volvió del baño vio un bote monstruoso y su actitud hizo que Sexton jugara el final de forma agresiva y ganara un buen dinero. Stu le prestó 1.500 dólares para que fuera a otra mesa. Ganó otros 4.000, le dio a Ungar la mitad y pudo reconstruir su bankroll.

Le gustaba vivir deprisa sin reparar en gastos. En poco tiempo, las carreras de caballos le hicieron embolsarse un millón y medio de dólares. Se llevo a sus camaradas a un club de strippers y pago una juerga de época: chicas, champagne, habitaciones… Nunca pido nada a nadie.

No tenía tiempo ni para asearse en demasía. El pelo se lo lavaban dos veces a la semana en el casino The Dunes y se lo cortaban cuando era menester.

Nunca tuvo el dinero en un banco. Lo guardaba en la caja fuerte de los hoteles donde se hospedaba. Decía: “Quiere decir que no puedo ir a medianoche y coger mi pasta”. “Es ridículo”.

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Phil Ivey

Viernes, 15 de mayo de 2009

phil_iveySu rostro un tanto triste puede llevar a pensar que está en la mesa de póquer porque no tiene nada mejor que hacer. Habla muy poco, y no muestra muchas emociones. Pero basta que sus ojos se posen un instante en ti para que sientas su agresividad, y cómo esa mirada glacial e imperturbable te disecciona por dentro para sacar a la luz tus más profundas intenciones.

Phillip Ivey nació un 1 de febrero de 1976 en Riverside, California, pero cuando tenía tres meses de edad sus padres se separaron, y su madre decidió la mudanza a Roselle, Nueva Jersey, donde crió al joven Phil junto a sus abuelos.

Su infancia fue la de cualquier chico normal, jugando baloncesto y fútbol americano, y tuvo la suerte de que sus padres se reconciliaran a sus ocho años. En ese tiempo Phil jugaba partidas de 5-Card Stud por 5 centavos con su abuelo, que le hacía trampas para darle una lección sobre los peligros de apostar. Pero el efecto logrado fue el contrario, puesto que Phil decidió que sería jugador profesional.

Ya a sus 16 vencía sólidamente en las mesas de póquer que organizaba el padre de un amigo, y comenzó a buscar la forma de jugar de forma constante. Para ello utilizó a partir de los 18 una credencial de un tal Jerome Graham -compañero de trabajo de Phil en una empresa de telemarketing, a quien pagó $50 para que le dejara utilizarla- que le permitió poner a prueba sus habilidades en Atlantic City, la Las Vegas de Nueva Jersey.

Por supuesto en sus comienzos el inexperto y ya agresivo Phil Ivey perdió más de lo ganó, pero eso sólo en el aspecto económico. Lo que capitalizó de sus errores en esos años lo conviertieron en el experto que ahora es en Limit, No Limit, Stud, Omaha, torneos, y casi cualquier otra modalidad de póquer existente.

“Se aprende de la gente con la que juegas. La mejor forma es sentarse, jugar, aprender de los errores, y perder dinero. Debes estar dispuesto a perder. De esa forma mejorarás.”

A los 20 años pudo estabilizarse y decidió -con el apoyo de su padre- que Atlantic City sería su casa. Cuando cumplió 21 pudo decirle adiós a Jerome Graham para utilizar por fin su verdadero nombre, el que con los años sería mundialmente famoso.

“Cuando cumplí 21 le dije a la supervisora de las mesas de póquer del casino que mi nombre real era Phil, y que había estado jugando con una credencial falsa,” rememora Phil. “Pero ya era mayor de edad y no había nada que ellos pudieran hacer. La supervisora sólo dijo ‘Okay, Phil’.”

De allí nace el famoso alias de Phil durante sus primeras incursiones en el póquer online: No Home Jerome, y del que se siente orgulloso. No así de otro sobrenombre que le pusieron: el Tiger Woods del Póquer. Prefiere ser el Phil Ivey del Póquer.

El trabajo en la empresa de telemarketing le dio a Phil mucho más que una credencial para poder jugar póquer en los casinos y tener una de sus dos experiencias como trabajador a sueldo (la otra fue una corta experiencia en un McDonald’s): allí conoció a Luciaetta, quien se convirtió en su esposa tiempo después.

Con 21 años y convertido en un jugador legal en toda regla Phil decidió que era momento de entrar en el póquer grande, y para ello decidió participar en las World Series of Poker de 2000, logrando dos mesas finales y su primer brazalete en un Pot Limit Omaha de $2.500 de entrada. Esta primera victoria le reportó $195.000, y la satisfacción de haber superado en la Mesa Final a Amarillo Slim Preston, David Devilfish Ulliot, y Phil Hellmuth.

Un par de años después Phil se lanzó a la fama al ganar tres brazaletes de las WSOP en tres modalidades diferentes, evidenciando su versatilidad y conocimiento del juego. El 23 de abril de 2002 ganó un 7-Card Stud de $1.500, llevándose un premio de $132.000. El 3 de mayo logró ser el mejor en un 7-Card Stud Hi/Lo de $2.500 y $118.440 de recompensa. El 10 del mismo mes obtuvo su tercer brazalete consecutivo al ganar un S.H.O.E. de $2.000 de entrada, y dotado con un primer premio de $107.540. Este logro lo ubicó a la altura de Phil Hellmuth y Ted Forrest, en cuanto a la mayor cantidad de brazaletes ganados en una única WSOP.

La quinta victoria llegó en 2005, nuevamente en un evento de Pot Limit Omaha. Esta vez el premio fue mucho mayor: $635.603. Con cinco brazaletes en un corto período de tiempo, parecía que nadie podría detener la marcha triunfal de Phil, pero allí se detuvo la cuenta. Sin embargo, Ivey es demasiado inteligente como para preocuparse por ello.

“Cada día es diferente. En el póquer hay que vivir el momento. Como en el golf, un tiro a la vez. Si has hecho un mal tiro, no quieres pensar en ello. Lo olvidas y avanzas al siguiente. Por eso es que el póquer y el golf son tan similares a nivel competitivo.”

Phil tuvo otras dos grandes victorias ese año que dieron un empujón superlativo a su carrera de profesional, al ganar el Monte Carlo Millions, y su premio principal de $1.000.000. Al día siguiente superó a Mike Matusow, Phil Hellmuth, Gus Hansen, Chris Ferguson, Dave Ulliott, y John Juanda en el Full Tilt Poker Invitational, haciéndose de $600.000 extras.

2006 comenzó con la elección de Phil como el jugador del año para All In Magazine, Bluff Magazine, y el UK Gaming Awards. En las WSOP de ese año no pudo sumar brazaletes, aunque hizo dos mesas finales, finalizando 3º en el H.O.R.S.E. de $50.000, y 2º en un $5.000 Omaha Hi/Lo ganado por Sam Farha.

En febrero de ese año Ivey ganó más de $16 millones en tres días jugando para La Corporación al multimillonario tejando Andy Beal, en un enfrentamiento Heads Up con stakes de $50.000/$100.000. La Corporación era un grupo de profesionales que aportaron dinero para enfrentar a Beal, y que en una oportunidad anterior habían perdido $10 millones. Tras perder con Phil, Beal dijo que no jugaría más al póquer, aunque antes ya había declarado lo mismo.

Ahora Phil vive junto a Luciaetta en Las Vegas, donde es un habitual del Big Game del Bellagio, la mesa de cash con las mayores apuestas del mundo. Allí el juego es una combinación de variantes de póquer con límites en $4.000/$8.000, y reúne a los más grandes y audaces jugadores.

El póquer online también atrae a Phil, siendo uno de los diseñadores de Full Tilt Poker, y miembro de su equipo.

“Juego a diario en Full Tilt Poker. Es algo que me relaja mucho, y puedo jugar tanto los juegos de grandes apuestas como en los microlímites de $0,50/$1, donde la paso muy bien, porque puedo jugar con gente que no tiene muchas chances de enfrentarme en un juego en vivo. Hay mucha gente que no va a los casino, pero ve televisión y le gustaría jugar contra mí, y en Full Tilt tienen esa oportunidad. Incluso algunas veces me preguntan cómo jugar ciertas manos, y se da una charla muy interesante.”

Para aquellos que gustan de su estilo hiperagresivo, Phil tiene algunas palabras:

“Si juegas mucho póquer habrás visto que los mejores jugadores entran en una gran variedad de manos y aprovechan sus oportunidades. En cambio aquellos que no lo hacen bien sólo se sientan allí y tiran todas sus manos sin sacar provecho de sus chances. En mi caso, juego constantemente contra los mejores jugadores del mundo, por lo que no puedo dedicarme a jugar sólo las mejores manos todo el tiempo. Si quieres aprovechar tus oportunidades, debes tomar algunos riesgos y aprender a diferenciar cuándo estás vencido, y cuándo tienes algunas ventajas.”

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